Los estudiantes, en la imagen durante las protestas de julio, han liderado la oposición contra el presidente Ortega.

OSWALDO RIVAS/REUTERS

Universidades secuestradas en la crisis política nicaragüense

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El biólogo molecular Jorge Huete-Pérez, profesor de la Universidad Centroamericana (UCA) en Managua, es uno de los muchos académicos nicaragüenses cuya vida y trabajo se han visto afectados por una creciente crisis política. Huete-Pérez, crítico durante mucho tiempo con el presidente nicaragüense Daniel Ortega, recibió la inspiración en abril, cuando las manifestaciones en contra de una propuesta de recortes en la seguridad social se convirtieron en un nuevo movimiento en contra del control de Ortega sobre el poder político y su brutal represión contra la disidencia. Sintió la responsabilidad de apoyar a los estudiantes de la primera línea del frente del movimiento y se unió a sus protestas en numerosas ocasiones.

Pero el 14 de octubre, unas dos semanas después de que el gobierno prohibiera las manifestaciones políticas, Huete-Pérez se estremeció. "Estaba a punto de abrir la puerta [del coche] para salir y unirme a otra protesta —recuerda—cuando la policía comenzó a golpear y arrestar a los manifestantes que se encontraban cerca de mí." Cerró la puerta de un golpe y se alejó a toda velocidad. "Sentí, literalmente, que corría para salvar mi vida," afirma. "Hacía mucho tiempo que no tenía tanto miedo."

Como él, son muchas las personas que últimamente se han resguardado en sus hogares ante la intensificación de la represión de Ortega, uno de los líderes del movimiento sandinista que derrocó al dictador en 1979. Ortega se ha vuelto cada vez más autocrático desde que en 2007 comenzara su segundo período presidencial. Según Amnistía Internacional, más de 300 manifestantes han sido asesinados y al menos otros tantos han sido arrestados, algunos de ellos acusados de terrorismo. Otras decenas de miles han tenido que exiliarse. La semana pasada, la policía arrasó las oficinas de un periódico independiente y de varias organizaciones no gubernamentales, incluido un importante grupo en favor de los derechos humanos.

La represión ha golpeado con especial virulencia en las universidades de Nicaragua, donde los despidos, arrestos y ataques a estudiantes han supuesto en la práctica la interrupción de la educación superior y la investigación. "Todo comenzó con los estudiantes universitarios, por lo que las universidades han sido objeto de represión," asegura Huete-Pérez, quien habló en una reunión del 13 de diciembre en la UCA para discutir acerca de la crisis. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos considera en estos momentos a los estudiantes como uno de los grupos más amenazados del país. "El sistema universitario está siendo tomado como rehén," denuncia María Luisa Acosta, abogada de derechos humanos y presidenta de la Academia de Ciencias de Nicaragua (ACN) en Managua, que organizó la reunión de la semana pasada. Acosta se exilió en junio tras ser amenazada por fuerzas paramilitares.

Los críticos afirman que las universidades estatales han sido tomadas por el gobierno, especialmente la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) en Managua, donde se despidió a más de 40 profesores y se expulsó a casi 100 estudiantes que habían demostrado o expresado su apoyo al movimiento. "Nos despidieron porque hablamos en contra del silencio y la complicidad que hicieron que las universidades permitieran que los estudiantes fueran asesinados, reprimidos y detenidos," afirma el sociólogo Freddy Quezada, otro de los ponentes en la reunión que perdió su trabajo en julio. (La UNAN no ha respondido a las solicitudes de entrevistas de Science).

La crisis también está interrumpiendo las colaboraciones con científicos extranjeros. El departamento de Huete-Pérez tuvo que suspender la Conferencia de Biotecnología de Nicaragua, que la UCA organizaba cada 2 años con científicos de la Universidad de Harvard, el Instituto de Tecnología de Massachusetts y otras universidades de los Estados Unidos. El biólogo evolutivo Axel Meyer, de la Universidad de Constanza en Alemania, no está seguro de poder continuar durante este invierno sus estudios sobre la evolución de los peces en los lagos de los cráteres de Nicaragua; Gerald Urquhart, ecologista tropical en la Universidad Estatal de Michigan en East Lansing que durante décadas ha trabajado en Nicaragua, ha pospuesto hasta fecha indefinida el trabajo de campo y ha cancelado su programa de estudios en el extranjero en Nicaragua. "Me entristecen las limitaciones que esto supone para mi relación con mis colegas nicaragüenses," asegura.

La UCA, una universidad jesuita privada, es uno de los últimos bastiones que le quedan a la libertad de expresión en Nicaragua. Además de apoyar públicamente al movimiento estudiantil, "abrió sus puertas a miles de manifestantes" cuando las fuerzas gubernamentales reprimieron a tiros una protesta en mayo, dejando al menos 17 muertos, afirma Carlos Tünnermann Bernheim, exministro de educación y rector de la UNAN. Pero la enseñanza se ha visto interrumpida, al igual que ocurre en la mayoría de las universidades. "No hay suficiente seguridad como para llevar a los estudiantes al campus," asegura Huete-Pérez. Él, al igual que otros, da sus clases en línea, pero según dice no es lo mismo: "Yo enseño bioquímica y biotecnología. Se necesita un laboratorio para hacerlo."

Ahora la UCA se enfrenta a una amenaza más directa. La legislatura nicaragüense está estudiando un proyecto de ley que pondría fin a la financiación pública que percibe la universidad en el marco de una ley que designa su trabajo como servicio público. "Se trata de un ataque directo," asegura Josefina Vijil, científica de la educación en la UCA y miembro de la dirección de la ACN. Gran parte de la financiación pública de la UCA se destina a becas, «de manera que, si lo hacen, son los estudiantes quienes lo sufrirán», afirma Tünnermann Bernheim.

Vijil se muestra especialmente preocupada por el trauma psicológico a largo plazo para los investigadores y estudiantes que han vivido la crisis. Aun así, ella y otros participantes en la reunión de la UCA realizaron una lluvia de ideas para el día en que los estudiantes regresen en las aulas e hicieron planes para un intento de escribir un libro acerca de la autonomía universitaria. "Debemos comenzar a imaginar —y articular— el país que deseamos dentro de 50 años," afirma Vijil.